martes, 2 de abril de 2013

Ludus Gladiatorum I: Retiarius et Secutor



Cartel que anuncia el enfrentamiento entre Astianax el secutor y Kalendio el retiario en nuestro particular  combate de gladiadores. Era común que los grandes juegos se anunciaran con pintadas en las paredes hechas por pintores profesionales, llamadas edictum, para que el público tuviese a mano toda la información. También se conservan graffitis hechos por los fans, recreaciones de los grandes combates.  

El retiario alardeaba de su agilidad. Dando pequeños saltos, giraba alrededor de nuestro secutor sin dejar que este le arrebatara la distancia que lo mantenía seguro. Su única preocupación era mantener también una distancia considerable entre Astianax, su espada y la barrera del podio. De vez en cuando agitaba la red plomada para que golpease en el scutum, pues de esa manera hacía mella en el avance implacable del secutor. Un giro de pantomima, y dejándose llevar por el impulso de la red, lanzó un golpe sin consecuencias con su tridente hacia el borde superior del escudo de Astianax.

Plano del anfiteatro de la ciudad  romana de Segóbriga, en Cuenca. Allí es donde hemos ambientado esta ficticia pelea. Evidentemente, no seguimos rigor histórico en cuanto a los nombres de los personajes ni su ubicación, sino que buscamos que la historia sea más o menos creíble.
En el anfiteatro, del siglo II, se llevaban a cabo espectáculos de caza (venationes) y peleas de gladiadores. Tenía capacidad para unas 6000 personas. Actualmente se encuentra en fase de acondicionamiento. 

A Urbano Maius Martialis se le acaba la paciencia. La munera gladiatoria va bien, pero ha gastado mucho dinero en estos juegos que deben servirle para que la plebe de Segóbriga le elija como edile, y estos dos fantoches lo único que hacen es fingir. Llevan bailando diez minutos. Vale que es la tercera vez que se enfrentan, que ambos llevan más de una decena de combates que han sido memorables, que son veteranos; que el anfiteatro se ha llenado de gente enfervorizada y que las apuestas están que revientan a favor de Kalendio el retiario. A una discreta señal suya, aparece un brasero con carbones encendidos sobre la barrera de madera que está situada delante del podio. Un juez con una máscara de Caronte saca de las ascuas un hierro candente y se dirige con él hacia Kalendio y Astianax. Ascuas para esos dos cabrones y vino y manzanas para el populacho.

Entre los asistentes hay una veintena de soldados. Los legionarios han escoltado un pago para las minas de lapis specularis que hay por todo el municipio. Van siguiendo el combate con toda  atención, poniendo glosa a todas y cada una de las acciones de los contendientes. Se han dado cuenta de que Astianax se reserva. Es mayor y pesa más que Kalendio, y tiene que aguardar su oportunidad.  Comentan que no cae en la trampa de intentar atrapar al retiario. También se han dado cuenta de que cojea ligeramente de la pierna derecha. Marco Sexto Longinus, el decurión, afirma que Astianax era zurdo, y que ha tenido que cambiar el estilo de lucha por esa lesión. Entre trago y trago de vino, los compañeros de Marco Sexto le dicen que está más tonto que su cipote por haber apostado por un cojo. De repente, ven al retiario hacer un alarde con la red y el tridente. Servilio, uno de los legionarios más jóvenes, lanza su almohadilla contra Kalendio llamándole "zorra impúdica".


Mario Sempronio está sentado en la grada, en la media cavea. Acaba de comprar unos torreznos en un puesto, abajo, junto a la puerta libitinensis. Son los mejores, pero este año se les ha ido la mano con los precios. Ha decidido que era necesario estar preparado para presenciar el combate de la década. No es común que unos gladiadores procedentes de la urbe lleguen hasta Segóbriga. Cierto que es una ciudad bendecida por Augusto, pero las cosas ya no son como en tiempos de su abuelo. Ver a estos dos gladiadores es todo un privilegio. Gracias a unas monedas que ha gastado en agradar a uno de los locarii, ha conseguido una entrada a buen  precio, un  sitio fantástico en el centro del lado longitudinal del anfiteatro. Hace un instante, acaba de ver como el retiarius, por el que ha apostado, ha lanzado un furibundo ataque que casi arranca el escudo al secutor. El vello se le ha erizado. Tiene que ser fantástico saber luchar así... Pero muy peligroso.


Astianax ha reaccionado. No hay que olvidar que tiene orgullo de veterano, y duda si la almohadilla iba dirigida a él, o al pesado de su incansable adversario. Golpea con el escudo la red hacia la izquierda, y logra desequilibrar al retiario, que se ve impelido por una enorme fuerza hacia los tablones. Alguien ha retirado el brasero, y esto permite a Kalendio girar sobre sí mismo e intentar clavar el tridente en el gemelo del secutor conforme avanza. Se da cuenta de que ha fallado cuando el enorme escudo lo aplasta. Tiene el tiempo suficiente para escurrirse hacia la derecha, y coger distancia. Se oyen algunos abucheos entre el público, pero él, dramatizando, se seca el sudor de la frente con la manica enguatada del brazo izquierdo. Después, saca la daga de su cinturón. Está preparado para el acto final. La cosa se pone seria, pues el bueno de Astianax no va a dejar que la partida quede en tablas. Ir a morir a Segóbriga.... El público se tensa y ruge.

Apunte del secutor o contrarretiario Astianax. Fuertemente armado con una espada corta (gladio) en la derecha y un escudo grande (scutum) en la izquieda. Su protección la completa un yelmo sin alardes para que no se enganche con la red del retiario, una mánica metálica que le cubre todo el brazo del arma, y una ocrea de bronce en la pierna izquierda.  El peso del equipo podía superar los quince kilos. 


Kalendio debe aprovechar la frescura de sus piernas, ahora que todavía la tiene. Salta hacia Astianax lanzando el tridente hacia el visor de su yelmo, pero es sólo una maniobra de distracción, pues deja que el arma llegue a su máxima distancia asiéndolo por la parte final del ástil. A continuación, se arroja al suelo, y, mientras el secutor lanza un par de tajos al aire, lanza su red a ras de la arena para atrapar las piernas de Astianax. El público ruge, ¿el pez ha caído en la red? No, el secutor ha esquivado su maniobra, y avanza, regateando el tridente sin fuerza, hacia la espalda de Kalendio para clavarle el gladius y acabar el combate.
Con una agilidad sobrehumana, el retiario se impulsa con su pierna izquierda sobre el scutum de su rival, volteando sobre sí mismo y quedando de pie. En la maniobra ha perdido el tridente, pero tiene al secutor donde quería. El contrarretiario es alcanzado por la red, que le inutiliza el brazo del escudo y lo envuelve como una túnica de muerte. La multitud segobrigense se pone en pie.


Apunte del retiario Kalendio. Es el más especial de los gladiadores, y su armamento  difiere de prácticamente el resto de tipos de gladiador. Lleva una red plomada en la mano derecha, cuyo brazo va libre para poder lanzarla mejor. La red va unida a su muñeca por una cuerda que sirve para cerrar la red. En la mano izquierda lleva un tridente. Ese brazo va protegido por una manica hecha de cinchas y una fascina de bronce que le protege el hombro, cuello y nuca del lado izquierdo.  Va equipado, además, con una daga, que le servía para desembarazarse de la red y para ajusticiar al rival vencido, cosa para la que no servía el tridente. 
Los gladiadores Astianax y Kalendio, izquierda y derecha respectivamente.

La élite por fin se está dejando llevar por la dinámica del combate. La mujer de Urbano ha amagado dos veces con retirarse, sobrecogida y acongojada con la violencia exhibida. Todos saben que ha apostado por el secutor a través de su esclavo de confianza, un lusitano que, endeudado por el juego, ahora vive a costa de hacer sisa a las apuestas de su domina.

El gladiador Astianax, secutor.  Como característica más distintiva lleva un yelmo de bronce  pulido y  plateado.


Astianax avanza como un caballo desbocado hacia Kalendio, comiéndole el terreno, empujando con todo, red incluida, y lanza una punzada terrible hacia el mentón del retiario, que, sorprendido, apenas puede apartarse. Mientras cae hacia atrás, se da cuenta de que si no corta cuerda que une la red a la muñeca, está perdido. Como un buen profesional, lanza un tajo con la daga que aún tiene en su mano izquierda, y corta el cordón letal que lo mantiene unido a la red.

Kalendio  el retiario posando para nosotros. Pelea a cara descubierta y destaca su tridente pintado y decorado con cintas y su llamativo calzón azul. 

Kalendio ha caído. Astianax ha estado a punto de tropezar y caer indefenso en las manos del retiario diez veces en diez pasos. Eso azuza su sangre. Ya no hay distancia, no hay pensamiento, todo es automático. Cae como un rayo fulminante, y gracias a Némesis, su rodilla y el bronce de su ocrea encuentran el pecho del pescador, del que escapa aire y un ruido de corteza rota. Es un demonio en una red, que ahora tiene el combate ganado. El retiario alza su dedos indice y corazón hacia el palco de la puerta triumphalis. Ahora todo depende de la voluntad del pueblo y del editor. ¿Pollice verso?

M. A. N.
Nº de inventario: 3.600.
Mármol y caliza
Dimensiones: Alt.58 cm.; Anch. 58 cm.
Procedencia: Roma
Cronología: Siglo III

Las figuras que ilustran esta entrada son de Crusader Miniatures. Durante mucho tiempo, Crusader y Wargames Foundry eran las dos marcas que mayor gama de gladiadores tenían a disposición del público.  Aunque la calidad es inferior, Crusader supera a Foundry en relación calidad-precio. Además, la configuración de miniaturas por blister de Foundry hace que pagues por miniaturas que no vas a usar, como los gladiadores enanos.

La calidad de los gladiadores de Crusader ha quedado desfasada. Los modelos son antiguos, y su modelado cumple bien con lo que representa, pero se han quedado fuera de juego con respecto a los niveles de calidad actuales. Eso sí, siguen siendo bonitas, agradecidas y asequibles.

Están pintadas con una base de imprimación negra, y después se han ido trabajando todas las capas, de la más inferior, la piel, hacia la superior, la armadura y las armas. Lo que se ha intentado obtener con el pintado es tener unas figuras más que dignas para jugar, pero sin forzar ningún alarde que sea irreparable. Hay que tener en cuenta que las miniaturas de los gladiadores van a estar sometidas a un gran desgaste por transporte y el propio toque de nuestros dedos. El barniz, que no se le ha dado todavía, será el barniz mate de Vallejo Game Color. La pintura de las armaduras se ha utilizado una técnica básica al pintar los metálicos sobre negro con un bronce puro de Vallejo Game Color y un Brass de Model Color. También se ha dado color Acero Natural de Vallejo Model Color sobre el bronce, para asemejar la técnica de "bronce plateado" que se usaba en las armaduras. Su brillo llamativo viene a representar que los gladiadores aparecían con sus armaduras impolutas a la arena, y era por ellas por las que eran claramente identificables. Sólo a los retiarios y sus derivaciones se les veía la cara completamente.

Uno de los proyectos que barajamos es hacer un anfiteatro, del que ya tenemos decididos una serie de elementos construictivos, y estamos probando sistemas de juego ambientados en el mundo de los gladiadores. Personalmente, el juego de Warhammer Histórical (ya desaparecido) llamado Gladiator me parece incompleto y flojo, así que lo he descartado. Actualmente estamos probando un juego mezcla de wargame y juego de mesa, el Ludus Gladiatorius, y aunque sus componentes son bastante nefastos, tiene un buen sistema y cinco figuras de metal prepintadas que cumplen. Iron Ivan Games va a lanzar en breve otro que parece interesante por su descripción.

Nada más, en próximas entregas iremos viendo cómo les va a los gladiadores de nuestro ludus, según le cunda al lanista pintar a sus muchachos. Narraremos una partida de Ludus Gladiatorius, y sabremos cómo  acabó la historia.  Saludos a todos.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...