martes, 28 de agosto de 2012

Vapor y sangre mas allla del Río Negro





Amon Ad-Raza era una solitaria figura cubierta por escasos ropajes en la mitad del desierto. A cierta distancia se encontraban tres siervos de vapor del Protectorado de Menoth, quietos como estatuas, pero con tenues humos de petróleo quemado saliendo desde sus chimeneas. Allister Caine reconoció al devoto lanzador de guerra en cuanto lo vió. No había tenido la oportunidad de enfrentarse a él antes, pero conocía de sobra sus leyendas en la Marca de la Piedra Sangrienta.


Al lado de Caine se encontraba Daniela Farlane, oficial en pruebas del 2º ejército cygnarita, al mando de un potente Ciclón, el siervo pesado mas novedoso del arsenal de Cygnar. Frente a ella corria en solitario Kilvor Luctine, deteniendose sólo para mirar de reojo a su maestro y cumplir sus órdenes con presura.



Comienzó el teniente Allister Caine avanzando hacia posiciones enemigas. Precavido y cauto, ordenó avanzar a su compañera junto al Ciclón protegidos por el poder arcano que ella podía sintetizar a la vez que él mismo se ocultaba bajo un truco que convertía sus contornos en una forma borrosa y móvil muy dificil de apuntar.



Amon conjuró sobre sus siervos unas poderosas runas que hicieron moverse a estos con una velocidad increíble, dada la escasa capacidad de sus calderas. El lanzador de guerra se detuvo un momento para observar a su discípulo avanzando en solitario a su derecha. En su otro flanco un grupo de idridianos avanzaban sobre la escarpada loma con sus fusiles preparados.




Al ponerse a tiro los derviches el Ciclón dispara sus cañones de cinta, dañando levemente a uno de ellos. A su lado el Lancero se eleva sobre la colina adoptando una posición defensiva. Todos parecen detenerse un instante mientras de su arco nodal un rayo de energía arcana golpea y empuja al mismo siervo de vapor que había sido dañado.




En el flanco un Centinela vacía su arma de cinta contra los idrianos agazapados en las rocas cercanas. Tras disiparse el humo comprueba como los escaramuzadores se encuentran todos intactos.


Tras ese golpe de fortuna los idrianos se ven envalentonados y a una orden de su cabecilla cargan en bandada contra el siervo de guerra cygnarita. Gracias al ímpetu de la carga consiguen desmontar varios de los sistemas principales del ingenio de vapor, aunque no los suficientes como para deshabilitarlo.


Los golpes de los idrianos, algunos torpes e ineficaces, logran hacer mella en las defensas del Centinela, que ve como sus sistemas son atacados y bloqueados por los menitas. Su arma de cinta es ineficaz en distancias cortas, y su escudo no es suficiente como para cubrirse de tantos enemigos.




Amon Ad-Raza decide tomar la iniciativa, haciendo uso de su capacidad arcana particular, consigue que sus conjuros potencien a sus propios siervos de vapor. El poder arcano empleado por Amon es canalizado de vuelta a sus siervos, que emiten un resplandor rojizo desde sus visores. El Lanzador de Guerra, crecido y deseoso de aplastar a sus enemigos mueve su potente arma en círculos concéntricos mientras avanza.. Con su arma traza dos arcos que consiguen impactar en las partes traseras del brazo izquierdo del siervo, logrando que se rompan las mecanismos hidráulicos que controlan el escudo. 


Con una orden canalizada con su vínculo con los siervos de su grupo de combate, el Derviche que se encontraba en pié carga contra el Lancero y lo convierte en chatarra.


El otro Derviche logra levantarse del suelo y ponerse en posición junto a su gemelo, ambos mantienen la colina central junto al destrozado lancero.





A una orden de su controladora el poderoso Ciclón asciende con una rápida y tambaleante carrera a lo alto del montículo y agarra a uno de los Derviches con ambas manos, lanzándolo en dirección directa hacia Amon, que gracias a sus reflejos sobrenaturales logra esquivar la mayor parte de la masa del siervo, aunque algunas de las piezas de su propia máquina de guerra logran herirlo y magullarlo. Aún así Amon da una voltereta y se sitúa en pié tras su siervo.




Caine avanza hasta una posición centrada en el campo de batalla, confiado en emplear la maniobra que tantas veces le ha servido para cambiar las tornas en una situación desesperada. Efectúa un disparo sobre el  siervo que combate con el grupo de idrianos, destrozándolo e inhabilitandolo, de forma que no entorpezca posteriores disparos contra los incursores sureños. En una maniobra rápida y veloz traza un arco sobre si mismo a la vez que dispara sus pistolas de llave arcana, lanzando proyectiles mágicos sobre siervos de guerra enemigos y tropas a la vez. Amon consigue zafarse de ser golpeado por uno de estos proyectiles, ya que su Devoto emplea su gigantesco escudo para proteger a su señor.

Los disparos restantes no son suficientes como para golpear a los esquivos iridianos, situados tras las rocas y a cubierto. Frustrado Caine desaparece un un flash y aparece a varios metros de su posición inicial, junto a su escudero y protegido por su discípula.


El monje de la órden del puño corre y alcanza a la joven lanzadora en pruebas. Con una potente patada logra noquearla y mientras pierde el conocimiento el potente Ciclón pierde su actividad. Es el momento para que el Devoto logre alcanzar a Caine y abatirlo.
Asiendo una de las armas con ambos brazos, el siervo menita golpea a Caine y lo arroja al suelo, herido y ensangrientado. Su turbina arcana parpadea y se apaga. Amon ha vencido.


Podeis ver mas detalles de estas bandas en las entradas previamente publicadas:
Desde la Marca de la Piedra Sangrienta
Capitan Allister Caine y séquito


Epílogo: Al día siguiente un viejo pescador encontró en el río a un malherido Allister Caine, delirando y sediento, logró llevarlo hasta la atalaya cygnarita mas cercana. Sus heridas eran profundas y graves, infectadas por el polvo del desierto, no obstante el lanzador de guerra sobreviviría a su convalecencia.

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