martes, 14 de agosto de 2012

Frío y nieve I: El proyecto

Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta el jugador medio de wargames de miniaturas es la falta de tiempo y espacio para poder jugar a ellos. Lo común es, en muchos casos, acudir a la tienda mas cercana, o a la que mejores mesas o mejor trato nos ofrezca, a desarrollar el juego. Esto permite que cada jugador no tenga por que verse obligado a costearse, ademas de la colección de miniaturas de su elección, un terreno de juego mas o menos logrado.

No obstante suele ser común también que debido a los horarios de trabajo o de estudio, o a la ausencia durante los días de diario, muchos jugadores no puedan aprovecharse de los horarios de las tiendas. Para poder solucionar las ansias de jugar independientemente de limitaciones horarias nosotros tomamos una decisión, construir nuestra propia mesa, "la mesa de los domingos".


En realidad la idea venía gestándose desde hace tiempo. El empujón que nos hizo ponernos manos a la obra fue encontrar una mesa modular de Citadel de segunda mano a un precio muy bueno. Con este tablero tendríamos para hacer un campo de batalla de 120x180cm. Llegados hasta aquí compramos dos secciones mas de mesa (las venden por separado en Games Workshop) para poder construir un tablero de hasta 240x120 o dos mesas cuadradas de 120x120, perfectas para juegos como Infinity, Warmachine y otros.

Cuando recogimos la mesa, de segunda mano, estaba completamente pintada de marrón y decorada con césped electrostático verde, pegado con cola blanca. El primer paso antes de ponernos a pintar fue eliminar todo el césped de la mesa, poniéndola a remojo con agua y rascando con una esponja y un estropajo.
Además de las horas retirando el césped, tuvimos que dedicar tambien mas de una tarde a, con una dremel, eliminar todos los cráneos que los modelistas de Games Workshop se empeñan en colocar en todas sus piezas.


A la hora de decidir el acabado de la mesa, ninguno de los dos queríamos limitarnos a la paleta mas normal de paisajes: verde hierba, tierra seca, desierto... de hecho la primera idea fue hacernos una mesa que representara un terreno completamente nevado. Estuvimos buscando información e imágenes sobre como podríamos conseguir una mesa nevada, no obstante los acabados que vimos no terminaron por convencernos y pasamos a plantearnos la segunda idea que tuvimos: hacer unos marjales.
Los marjales, las zonas pantanosas, podrían dar mucho juego a la hora de terminar la mesa, pero de nuevo tampoco terminábamos de convencernos.

Entonces fué cuando, al fin, llegamos a la idea que terminaríamos por aplicar: una tundra. La tundra, comunmente confundida con la taiga (y de hecho nosotros hicimos una mezcla de carácteristicas compartidas), es un ecosistema tremendamente frío, de inviernos helados y oscuros, pero de veranos templados y en los que la vegetación de la zona enseña todo su potencial.


Las imágenes de muestra que buscamos enseñan unos paisajes amplios, con árboles dispersos y bien adaptados al frío extremo, como las coníferas que pueblan los bosques boreales. Los colores verdes fríos predominan, no sólo por la vegetación herbácea que se desarrolla a estas latitudes, si no por la cubierta fotosintética de musgos y líquenes que tapiza la mayor parte de las rocas que quedan expuestas. No cabía duda: la tundra era nuestra mesa.







Este pequeño proyecto fue llevado a cabo desde otoño de 2011 hasta el mes de Julio de 2012, que hemos podido ver la mesa montada y en todo su esplendor.

En próximos artículos pondremos fotos de los elementos móviles de la mesa, arbolado, casas, campos de cultivo y algún detalle mas, como los pozos de alquitrán que plagan la zona.

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