martes, 12 de junio de 2012

Guerra en las trincheras VI: Epilogo


Hola a todos desde la guerra en miniatura.
Hoy vamos a ver pequeños detalles, consejos, alguna cosilla que se ha quedado en el tintero y que me sirva para despedirme de estas entradas con las que he estado entretenido.
Por empezar por algo ameno, que resalta cuando se mira nuestra escenografía con detenimiento, voy a hablar de la cartelería que engalana nuestros edificios. La mayoría de ellos son alemanes, pues el ejército del Kaiser es el que maneja el que suscribe, y defendí con capa y espada (y no con poca sorna con el tema de ser el jefe de la obra), que nuestra localidad hubiese sido tomado por los boches, y la hubieran empapelado con su propaganda.  La Gran Guerra fue novedosa en muchos ámbitos, y uno de ellos fue en ser una guerra publicitaria. Los diversos contendientes implicados vendían información manipulada a sus propios súbditos y a sus contrarios. Y el cartel, en plena época de furor creativo en Europa, reflejaba esa creatividad cartelaria, cuyo máximo exponente, según mi humilde opinión, se dio en la Guerra Civil española.






Aquí podeis apreciar diferente cartelería. Veámoslos de abajo a arriba. Desde el optimista cartel navideño de 1914, en el que se pide una donacíón de amor para sus guerreros, pasando por el de reclutamiento del ejército del Reich; el tercero desde abajo es menos optimista, y junto con el primero intenta evitar la extensión de dos ideologías que harían mucho daño en la fase final de la guerra a Alemania desde su interior, el anarquismo y el bolchevismo.
Todos estos carteles, y muchos más, los utilizamos para dar realismo y vida a nuestros edificios. No son nada difíciles de encontrar en la red, y, con la suficiente calidad, se imprimen a un tamaño adecuado (sólo hay que imaginar que nuestros soldados son los que los colocan), y a pegarlos tocan. Los teneis que pegar en lugares bien visibles de las construcciones, nunca tapando fallos, siempre en lugares donde se pondrían lógicamente. Otra cosa a tener en cuenta es el deterioro del papel que está a la intemperie. Un cartel es efímero, se arruga, se decolora, se mancha... No dudeis, el agua sucia del bote es mano de santo para añadir el toque de suciedad necesario.  Aquí teneis algunos ejemplos, de lo más curiosos a veces:


La casa del anarquista del pueblo, con un retrato de Bakunin, sobre el que alguien contrario al pensador  ha pegado propaganda antianarquista.


Cuartel general alemán, donde podemos apreciar una cartel de propaganda del principio de la guerra, en el que el Imperio Alemán y el Austrohúngaro caminan unidos en feliz alianza.

Fachada semiderruída de la casa del alcalde. En ella podemos ver diferente cartelería, en el que destaca la propaganda navideña de 1914

Muro trasero del taller. En ella podemos ver diferentes periodos de pegada de carteles, en los que se van solapando.


En la taberna, algo destrozada por los obuses, había un lugar especial para grandes héroes de la época, desde los de las espediciones polares hasta algún que otro avezado piloto.


Muro y contrafuertes de la pequeña catedral de la localidad. Sobre él pegamos, como homenaje a todos los caídos, el cartel con el poema "In Flanders Fields" impreso.

El mismo principio se puede utilizar para confeccionar cuadros, alfombras, o incluso para empapelar las paredes de vuestros edificios. Todo tipo de texturas son posibles más alla del simple estuco o la madera. Deben quedar bien con la escala, y no ser directamente aberrantes en cuanto a contraste de color o diseño. Buscad información de la época y jugad con lo que sabeis hacer y como era en realidad.
Otro pequeño detalle a resaltar, que ha ido pasando desapercibido en nuestro viaje por esta mesa de juego,  han sido los números de las viviendas. Todos tenemos una dirección, y hay placas que identifican nuestros edificios por todas partes. Los nuestros también:


Distintas numeraciones y placas de nuestra escenografía.


Como veis, no se trata de despreciar los pequeños detalles, son los que hacen que, una obra que puede ser estupenda, pase a ser fantástica. Nosotros no nos cansamos de añadirle detalles a esta escenografia, incluso cuando íbamos aprendiendo sobre la marcha, o cuando nos enfrentábamos al dilema de la jugabilidad. Con casas como esta, las partidas salen bien:

El hotel del terror. Ninguno de sus ocupantes sobrevivió al derrumbe parcial del edificio.

En fin, sólo me falta despedirme, y aunque aún me quedan fotos en el tintero, no haré uso de ellas en próximas entradas, ya está bien. Ha sido suficiente para mostrar nuestro trabajo, aunque nada comparable con verla en público. Espero tener tiempo y lugar.
Hasta la próxima.

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