martes, 20 de marzo de 2012

Guerra en las trincheras III: La última ofensiva



Hola a todos de nuevo:

En este tercer artículo vamos a ver como se amplió la maqueta hasta las diez planchas, y como se construyó un pueblo entero basándonos en aquellas imágenes más impactantes que habiamos ido observando a través de bibliografía y diversos medios. También os contaré como descubrimos la manera de realizar arte mueble en miniatura.

Una vez realizada la zona de trincheras, muy lograda, y de construir tres secciones más que dejaban la tierra de nadie ampliada, se decidió crear desde cero unas ruinas basadas en imágenes de Yprés para representar aquellas poblaciones que quedaron situadas entre los contendientes y que sufrieron todo el rigor de esta hecatombe. No contentos con ello, decidimos ampliar. Se debatió duramente, y fueron muchas cervezas, cafés y dibujos en servilletas de bar las que se gastaron, para al final decidir agrandar, con una plancha más, la zona de ruinas urbanas de esta escenografía. Así crecían brutalmente las posibilidades de combinación de la mesa: Podríamos tener una zona de trincheras de 120x180, una de trincheras con tierra de nadie ampliada con ruinas urbanas intermedias, de 180x180; una enorme mesa, con una localidad a uno de los lados de la zona de trincheras, con un total de 120x300, o, simplemente, una mesa de 120x120 únicamente urbana.


La mesa en toda su extensión sobre seis caballetes y tres largueros de 3,20m, en mi antiguo apartamento.


La zona urbana acabó siendo una obsesión y un goce, a la vez que un aprendizaje. Los edificios están construidos desde cero con cartón pluma de 0,5cm sobre tablex, y todos ellos están ruinosos a excepción del campanario, que decidimos respetarlo por simular aquellos destinos absurdos que dejan intactos edificios mientras están rodeados de ruinas. El proceso era el clásico que habíamos utilizado en anteriores ocasiones:

Se planta el edificio, los suelos, usando como adherente cola vinílica o pegamento termofusible (tengo que reconocer mi debilidad por este material a la hora de montar edificios), se le hacen todo tipo de molduras, ya sea en madera de balsa o cartón piedra, se estuca la superficie exterior con masilla tapajuntas, y después se pinta. Pero esto no fue totalmente así...
Al tener una configuración abierta, los edificios tenían que estar perfectamente amueblados, tenían que tener partes móviles, y tenían que dar una sensación de habitabilidad. Y creo que, en la mayoría de los casos, lo conseguimos. Construimos escaleras y suelos (utilizar los fondos cuadriculados de los platos de plástico  como enladrillado fue todo un descubrimiento); buscamos e imprimimos motivos de papel pintado de la época y empapelamos el interior de todos los edificios. Hicimos ventanales, vigas de techos, de los entresuelos, de los forjados, y, como por casualidad, muebles con cartón pluma, madera de balsa y cartón.
Ver como Alberto Martínez hacía una cama con un trozo de deshecho de cartón pluma de 1 cm, pelando, chafando, con todo detalle y en cinco minutos, nos dio alas para ponernos a hacer muebles.

Primer piso de la denominada "casa del alcalde"

Detalle del suelo, hecho en madera de balsa pegada y tallada sobre cartón. El nivel de escombros se redujo al mínimo para potenciar la jugabilidad.

Puerta de entrada a la casa, dónde se pueden apreciar distintos carteles de propaganda alemana.

Vista cenital de la vivienda, dónde se ve la buhardilla una vez separado el tejado.

Amueblamos totalmente el bar, el taller y la casa del alcalde. La catedral, por desgracia, había sufrido un grave bombardeo, y la zona del ábside había quedado muy dañada, quedando entre los cascotes un detalle de un nacimiento. La granja estaba totalmente quemada, pero todavía conservaba algunos barriles y útiles, y se podía presenciar como la guerra no hacía distinción entre hombres y bestias, con una vaca y un caballo muerto entre sembrados y ruinas.

Vista longitudinal de las ruinas de la catedral, tomada desde el ábside.

Fotografía de la iglesia en ruinas que sirvió de inspiración para la nuestra, aunque esta, en realidad, es de la siguiente conflagración mundial.

Una de las figuras del retablo perdido entre los escombros.


Interior del taller mecánico de la localidad, con el tejado destrozado, seguramente por contagio de incendios aledaños.


Un enorme proyectil alemán que no llegó a hacer explosión y una vaca muerta, tumefacta. No sabemos si el animal tuvo que ver con que la bomba no estallase.

Una imagen tomada durante el conflicto de una bomba sin explotar.

El estanque, milagrosamente, no ha sido objeto de contaminación alguna.

Detalle del avión siniestrado.

Diferentes vistas del avión separado del resto de la escenografía.

Uno de tantos aviones del circo volador que fue la primera guerra mundial. Hay que reconocer que la fotografía es inspiradora, y algo peculiar. 

¿Por dónde iba? Un momento... 
Cerca de la granja excavamos un hueco en el poliestireno para realizar un lago. Utilizamos un material, que personalmente, aunque da buenos resultados, desaconsejo, que es la resina de poliester. Es muy tóxica, y su reacción, si no se tiene cuidado, puede afectar a los elementos de la escenografía circundante. Ahora, el lago... quedó estupendo. Gracias de nuevo a Alberto Martínez por realizar los trabajos más arriesgados.
Conforme íbamos construyendo todo esto, vimos nuestras personalidades reflejadas en cada uno de los edificios. Héctor con sus construcciónes de líneas horizontales seguidoras de las vanguardias de principios de siglo; Álex con la virtud de la paciencia infinita, del detalle perfecto, de hacer las cosas bien hechas. Rafa con la explosión constructiva, la obsesión febril por crear, y la fe inquebrantable en demostrar que con distintos procesos se puede llegar a conseguir idénticos o mejores resultados. Yo, personalmente, me veo como una amalgama, que dependiendo del día, era capaz de pegar miles de ladrillos o tener ganas de prenderle fuego a todo.

Tardamos más de un año en hacer esta mesa. Cierto es, que hoy día, sabiendo lo que sabemos, y sin parones intermedios, habríamos tardado mucho menos. Es un material único, que disfrutamos cada vez que la ocasión nos lo permite, jugando en una escenografía excepcional, de la que me enorgullece haber sido, tal y como me bautizaron los demás, el "jefe de obra". Gracias a ella formamos un equipo.
No he de alargar más este artículo, con lo que prometo nuevas entregas, en las que aparecerán todos aquellos edificios que he nombrado y no habeis visto, incluyendo el maravilloso cuartel general alemán. Además, repasaremos todos los accesorios que construímos para ella, como los postes de telégrafo, la fuente, árboles, alambre de espino y barricadas. También veremos más fotos de las construcciones que han ido apareciendo por aquí.


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