martes, 19 de agosto de 2014

Los Corsarios del Conde Blanco II: El pequeño guardaespaldas.


Hola a todos:
Desde mi retiro playero, y tras alguna que otra visita al chiriguito (pirata), hoy, para saludar a la segunda quincena de agosto os dedicamos a todos esta entrada que va a tratar de los matones, matasietes, milhombres o jarrapellejos.
Este es nuestro ogro, de pelo en pecho, armado hasta los dientes, y con su mascota, un gnoblar disfrazado de tucán. A veces GW se acordaba de hacer miniaturas divertidas, algo que le dio mucho éxito en tiempos pretéritos. 
 Jarrapellejos es el guardaespaldas del Conde Blanco, y es, aunque matón a sueldo, un seguro de vida en los combates que entabla nuestro enigmático protagonista. Evidentemente, el sueldo es alto, pero, ¿quién no ha pensado en tener ese amigo que refrenda tus palabras y cubre tus espaldas? Lo bueno del viejo Jarrapellejos es que no forma parte de la tripulación. Es el único que viaja, aunque corso, con sueldo de mercenario. Del disfrute que hace de la vida pirata no vamos a hablar aquí, pues sería demasiado escatológico al tratarse de un ogro. Baste decir que considera al dinero como siervo, y al Conde Blanco como amo.
Hoy os presentamos a todos a una de las mejores miniaturas de ogro hechas alguna vez por la humanidad, el pirata de la unidad de Comehombres Ogros, perfecta para la banda de piratas del Mordheim. Dentro de un ejército tan desigual, con piezas magníficas y tropas horribles, esta figura destaca. Aún así, he de decir que las necesidades de encajar con el resto de miniaturas del ejército obligan a este ogro a sufrir ciertas condenas estéticas que no hubieran sido necesarias.
Os pongo unos cuantos perfiles de la miniatura:

A lo que me refiero con "condenas estéticas" para aparentar pertenecer al resto del ejército de los Reinos Ogros es a esos remaches y refuerzos de chapa, puestos sin criterio alguno, y que son lo único reprochable de esta miniatura. Unos pantalones acuchillados hubieran sido perfectos. 
Una pequeña planta de acuario y algo de restos de GW de plástico de los Hombres Lagarto, le dan un toque tropical a la peana. 

Una de las cosas con las que más me divertí pintando esta miniatura fue con el vello corporal. Este monstruo tenía que tener pelo en el pecho y por todas las magras que le asomaban por debajo del chaleco. Creo que el resultado fue bastante bueno. 
Esta miniatura, aún vista de espaldas, tiene carisma. En unos tiempos en los que el tamaño y el diseño 3D se han adueñado del modelismo fantástico, da gusto ver miniaturas con tanta personalidad como esta. 
Evidentemente, esta miniatura no entra en ningún otro juego de escaramuzas de bandas con un trasfondo más histórico. Simplemente es un lujo del que podemos disfrutar en Mordheim.
Detalle del apoyo del ogro, formado por un cofre, que, por el peso, revienta y deja ver un contenido tétrico de doblones y calaveras. 
Estoy seguro de que no hace falta hablar de las virtudes de un personaje de este tamaño y características en un juego en el que la vida vale lo que una daga penetre. Llevar un ogro en cualquier banda de Mordheim es una garantía, aunque a un alto coste, de que el enemigo no se va a ir de rositas en un encuentro.

Otra cosa es qué hacer con el gnoblar que lleva al hombro. Siempre he pensado que este simpático personaje o mascota debiera tener unas reglas especiales para el juego. Quizá el ogro se pueda beneficiar de sus falsos graznidos, o pueda detectar mejor a sus enemigos escondidos entre las ruinas. 
El detalle del gnoblar es uno de los mejores en esta miniatura. Al verlo en metal lo confundí con un pájaro, así que el disfraz funciona. 

Como muchas personas hoy en día, a nuestro gnoblar no le gusta que le estén tomando fotos constantemente. 
¡Ups! Se me acaba el tiempo, he de volver al chiringuito veraniego. Un saludo a todos, especialmente a los que en este verano tenéis valor de poneros bajo el flexo a pintar.

¡Hasta pronto!

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